miércoles, diciembre 22, 2010

Leyes humanas y "Leyes" divinas

En la sociedad actual hay una profunda tradición mística porque durante muchas centurias la religión ha estado imbricada profundamente en las constumbres y quehaceres cotidianos de los pueblos de occidente. Las festividades, la gastronomía, o las relaciones sociales son ejemplos de esta influencia, y su tradición y fuerza perduran incluso hoy en día, cuando en apariencia el llamado laicismo está ganando poder.

Esta profunda imbricación ha dejado una huella muy profunda en la moral de occidente. Ejemplo de esto es el caso del cristianismo, cuya dilatada sombra sigue presente aún cuando muchas veces no se perciba en nuestro día a día. Esa huella moral la considero beneficiosa porque ayudó a dotar a la sociedad de un esqueleto rígido sobre la que sustentar los poderes civiles. Echando la vista atrás podríamos decir que el cristianismo tuvo su época dorada en cuanto a poder en el tiempo que media entre el emperador Constantino y el fin del Medioevo. La caida del imperio romano de occidente marcó el fin de estructuras de poder que se habían mantenido durante siglos, la más importante de las cuales la tenemos en la ciudad; se volvió al campo y Europa se pobló de pequeños feudos, los cuales tenían sus reglas de servidumbre. El único vestigio de civilización que permaneció inalterado fue la Iglesia, el cual actuó durante siglos como elemento estabilizador a un nivel muy básico y con unos elementos igualmente básicos: la parroquia en los pueblos y la catedral en las ciudades como lugares públicos. Ciertamente la concepción medieval de lo público no puede compararse a la concepción clásica, pero es innegable que ambos tipos de templo actuaban como lugar de reunión de la comunidad. También tenía un fin pedagógico y moral puesto que lo que en ella se impartía aspiraba a moldear las relaciones y la conducta de los feligreses. El intercambio y el debate característicos del ágora fueron sustituidos por el silencio y la introspección colectivas. Las comunidades eran estables por necesidad y por lo tanto cualquier avance que por casualidad pudiera darse era contemplado con recelo en tanto posible desestabilizador. Hubo que aguardar hasta el bajo medioevo para que el auge del comercio condujese a la creación de los primeros burgos y se produjese una paulatina apertura al exterior por parte de las pequeñas comunidades.
Ahora bien, este proceso social a nivel básico fue acompañado de otro igualmente importante: la identificación de las estructuras jerárquicas de la iglesia católica con órganos de poder. Esto no implica otra cosa que el hermanamiento de los altos cargos del catolicismo con los gobernantes, con el fin de actuar como brújula moral de éstos. En efecto, el proceso de oficialización que del cristianismo hizo Constantino fue la piedra angular sobre la que la iglesia edificó su propio aparato de estado, aparato que sigue presente hasta nuestros días. El cuerpo de la iglesia, con el Papa a la cabeza, es una conjunción de valores morales con unas estructuras de poder que aseguran que el catolicismo siga teniendo el ya tradicional poder de influenciar en el poder legislativo de los estados.

Este somerísimo repaso a la historia nos recuerda dos cosas: la primera, que el catolicismo sirvió de crisol para una moral que hoy en día sigue presente; la segunda, que la iglesia católica considera su deber influir en la moral tanto de los legisladores como de la gente de a pie, para lo cual tiene su jerarquía dividida en alto y bajo clero.

Bien, antes de meternos en harina, varias cosas: la primera, la iglesia no niega los derechos y la legitimidad del poder civil. La segunda, la iglesia considera que el poder civil debería ser garante de una serie de valores. La tercera, esos valores están por encima de cualquier ley humana. Es aquí donde empiezan los problemas.
Para la iglesia católica la voluntad divina se traduce en ciertas leyes de conducta a seguir, leyes humanas en su continente pero divinas en su contenido. Cuando un mandamiento dice "No matarás" no quiere decir "Dios te ordena no matar a nadie", sino "Dios es creador de una verdad superior que una vez traducida a ley humana, a la cual debes obediencia, dice que no debes matar a nadie". Puede parecer lo mismo pero no lo es. Y es aquí donde surge la controversia: cuando tienes un elemento que contiene una parte cognoscible y humana, y otra parte incognoscible o divina, que por añadidura sólo puede interpretar la persona del Papa. Y, no nos engañemos, el Papa no siempre habla ex cátedra. De hecho su labor más mediática consiste en ser precisamente la cabeza de la agrupación humana que es la iglesia católica. Pero el tener sólo a una persona capaz de actuar de intérprete entre la voluntad divina y la realidad humana solamente puede sustentarse en la fe. Y la fe no es un argumento lógico sino un don.

Tal es el plantel que veo, y debo decir que por mi parte no tengo problema alguno en aceptar y respetar a priori la fe ajena. También me vale el planteamiento moral que defiende la iglesia católica aunque tenga discrepancias con el mismo. Lo que no soy capaz de aceptar alegremente es que ese aparato se valga de maniobras políticas para influir en los gobiernos legítimos de los estados, que intente suplantar un poder soberano. Es más, puesto que no considero que exista ninguna ley divina tampoco creo en la interpretación de la misma. Toda ley, salvo las llamadas leyes naturales (que no son leyes y sobre las que escribiré otro día), es humana, y las leyes de los estados provienen de los poderes civiles establecidos. La moral es el molde de donde salen dichas leyes y nadie puede negar que la moral de occidente tiene una profunda huella cristiana, que creo bella y vigorosa; pero considero que en todo momento del crecimiento hay que dejar de lado el protector cascarón y empezar a andar por cuenta propia. No es que considere que la iglesia sea innecesaria, pero sí que su ámbito debería recular hasta adscribirse precisamente al círculo donde es capaz de dar lo mejor de sí misma, que es el terreno de la moral personal y la pedagogía. Lo mismo reza para el resto de religiones del planeta. Está perfectamente bien creer en un Dios Padre, en una Diosa Madre o en el Spaguetti Volador ya puestos, pero también lo está el utilizar sólo las herramientas netamente humanas para alcanzar los fines sociales que se deseen, a saber las leyes y el trabajo conjunto. Y para esto, los únicos intérpretes que deseo son mi psique (de la cual forma parte mi moral) y la opinión de las personas cuyo criterio respeto.

El resumen de todo esto es el siguiente: en el mundo actual me parece preferible una ley humana que, aún en su imperfección, refleje el deseo de un colectivo determinado, a un mandato divino que no pueda ser puesto en duda jamás, por perfecto que pueda ser.

Ahora, que cada palo aguante su vela.

lunes, diciembre 20, 2010

Ágape en el CPD, o nunca seré el más popular de mi empresa

Hay cosas que se llevan en la sangre. O que al menos están tan imbricadas en la psique de uno que no cambian a pesar de vivir circunstancias distintas. Ya en el colegio me pasaba y me pasa también aquí. Soy el raro.

Ahora mismo hay una "jamonada popular" en el piso superior del Centro de Proceso de Datos. Se oye la conversación desde mi puesto de trabajo, a pesar de que este edificio está casi integramente construido de hormigón. Parecen contentos y seguro que el jamón está bueno. ¿Y qué hago yo aquí frente al ordenador en vez de estar ahí arriba?

Pues ni yo mismo lo sé, pero tampoco me importa demasiado. Hay un punto de pseudo rebeldía, otro punto de hastío, otro más de no ceder a la hipocresía de dar la imagen de que somos un equipo cuando en realidad no es así... es complejo. Pero el resultado es que estoy aquí, escribiendo en un blog en vez de estar ahí arriba. Y estoy donde quiero estar.

Podría intentar buscar justificaciones. Las habría, y sobradas. Pero las justificaciones empalidecen ante argumentos como "un día es un día", "estamos en navidades", "total, si al final vamos a estar los mismos de siempre", etc etc. No me apetece justificarme. No voy porque no me sale de las narices.

No, nunca seré el más popular de mi empresa, sea cual sea.
Pero me importa un carajo.

Tron Legacy, una secuela digna

El sábado fuimos Persefone y yo a ver Tron Legacy. En 2D, como debe de ser. Debo decir aquí y ahora que la película original, Tron, me parece una obra magnífica y que tiene el récord de película vista más veces por mí. La amo. Ergo cuando fui a ver la secuela que nos ocupa, fui muy tranquilo. De hecho mi mente era un océanoZen de la tranquilidad.

Parece curioso pero en realidad no lo es. Como sabía certeramente, pero con ese tipo de certeza grabada a fuego capaz de moldear la realidad, que esta película no iba a imprimir una huella ni la centésima parte de profunda que la original, fui al cine con la sana intención de disfrutar. Y la cosa es que disfruté. La película está muy bien.

No voy a contar spoilers. La película tiene buen ritmo, los guiños a la original son pocos y sutiles pero entrañables, y no caen en el fácil recurso de abusar de efectos especiales espectaulares (lo que tiene su miga teniendo en cuenta dónde se desarrolla el filme). Con respecto al ritmo, dos factores: las escenas son más largas de lo habitual en este género y hay interacción entre los personajes en pantalla. De hecho creo que es por eso que se parece a la antigua a pesar de ser completamente distinta: tienen ritmos parecidos y una mezcla similar de momentos de acción y momentos de tranquilidad. Hay un par de cosas que no me terminaron de convencer (como afectan al argumento no las diré aquí), pero en general creo que el resultado es bastante redondeado. No sé cómo será la versión en 3D, pero imagino que ganará en espectacularidad.

Mi recomendación es que vayáis a verla porque es una peli para ver en cine.
Yo iré a verla otra vez.

jueves, diciembre 16, 2010

Chiste filosófico

Resulta que el otro día se me ocurrió un chiste, pero me di cuenta de que no es de los típicos para contar por ahí. De hecho es tan malo que no es para contar en ningún lugar; pero en fin, como vástago mío que es yo lo quiero igual y, orgulloso, voy a compartirlo aquí con el mundo.

De todas formas, y por aquello de salir de dudas, hoy le he preguntado a un colega del curro, que es licenciado en Filosofía, para que me confirmase si en los cinco años de carrera había oido algo parecido. Para mi estupor, después de manifestarme que era el peor chiste que había escuchado en mucho tiempo, me dijo que no, que en la facultad no había oido a nadie contar nunca semejante cosa.

Es sorprendente desde luego que no se le haya ocurrido a nadie más, porque para mí el chiste está completamente a la vista, es evidente. De manera que si alguno de mis lectores puede decirme si alguna vez ha escuchado algo parecido, le quedaría agradecido. Me sorprendería que no se le hubiese ocurrido a nadie más. En fin, allá va:

Esto son dos filósofos que se conocen y van hablando por la calle y le dice uno a otro "Hombre Pepe, es que eres un fenómeno", a lo que el otro responde "Y tú un noúmeno".


Ya.
¡Gracias, sois un público estupendo!

martes, diciembre 14, 2010

Estoy en plan borde

Y no lo he buscado. Pero es uno de esos días en los que uno lo es sin quererlo. En serio que no lo entiendo. Esta mañana he salido a correr, me he afeitado, luego me he dado una ducha y he llegado al curro después de un viaje sin incidentes en el metro. No ha pasado nada, pero las palabras que salen de mi boca suenan de la peor manera posible, y lo noto.

Encima hoy es el cumpleaños de una compañera de curro y ella nos ha querido invitar a desayunar. Y yo hoy venía con hambre de manera que me he pedido una hamburguesa y un Nestea. 4.20€, más del doble de lo que cuesta un desayuno normal. Así que me he adelantado a ella porque no es justo que se tenga que gastar más pelas sólo porque yo sea un pozo sin fondo a la hora de comer. Bueno, pues a pesar de haber querido yo pagar discretamente, y gracias en parte a la camarera, que es muy maja pero a veces parece tonta, mi compañera se ha dado cuenta y ha querido invitarme. Y yo le he dicho que no. No un "gracias pero no" o un "te lo agradezco pero ya me invitarás a otra cosa". Ha sido un "no", simplemente. Pobrecilla. Se lo ha tomado bien porque es un encanto de mujer, pero yo después me he sentido fatal.

Maldición. Creo que hoy hablaré poco y cuando lo haga mediré mis palabras con pie de rey. Va a ser mejor.

In  another order of things, estoy haciendo de master en una partida de Señor de los Anillos con el sistema Legends of the Middle Earth. Estoy encantado con los jugadores y con la partida. Espero que podamos seguir jugando porque estoy disfrutando cual enano sumergido en aurífero y cervecil líquido.

jueves, noviembre 18, 2010

Hay que hablar de política

Continuo con el tema iniciado en la entrada anterior, pero esta vez quiero detenerme en algo que mencioné en ella: dije, en la primera parte de catarsis, que de la política sólo se hablaba en los bares, y como se habla de fútbol. Esto, por supuesto, no es cierto, pero refleja algo sobre lo que merece la pena reflexionar: la poca disposición a hablar de política y los lugares comunes dentro del debate político.

Vamos a arrancar desde las mismas premisas que la entrada anterior, a saber, la percepción localista del Estado y la desconfianza ante los cambios, y a ver dónde llegamos.

La percepción localista no es por definición algo excluyente para aquellos que entran dentro de los círculos de una persona, pero sí tiene una fuerte componente de estrechez mental que termina afectando a la manera en que vemos incluso a las personas más cercanas.
Luego tenemos que las opiniones acerca de política, por afectar ésta a todas las facetas de la vida ciudadana, suelen ser asociadas con una determinada forma de ver la vida en general.

Si unimos estos dos factores lo que obtenemos es que, a menos que se intente luchar contra ello, se tiende a identificar y juzgar a la totalidad de la personalidad ajena por sus opiniones políticas. Y ay de aquel que se identifique como perteneciente al bando contrario al propio, pues en un tema tan importante no se admiten desviaciones; sus opiniones pues dejarán de tener validez y el que pueda tener razón en algo se convertirá en una imposibilidad, en una irrealidad.

Si esta tendencia la multiplicamos por tantas personas como tenga una sociedad, veremos que lo que debería ser un universo de opiniones, un prisma de un millón de facetas, cae en el maniqueísmo facilón y zafio al que, por desgracia, nos estamos acostumbrando. La miríada de colores y matices del complejo cuadro de esa sociedad claudican pues ante la inflexible aridez de un blanco y negro sin grises; ante el "estás conmigo" o el "estás contra mí", sin posibilidad de elección fuera de esos dos extremos.

Esto anterior ejemplo de sociedad es extremo porque lo que quiero mostrar es precisamente que esta tendencia, al emerger, suele tomar cuerpo en posturas y opiniones rígidas y poco susceptibles de ser matizadas. Y, por desgracia, en nuestra sociedad abunda tal manera de ver las cosas.

Ahora bien, las personas en general podremos ser cortas pero no somos tontas. Sabemos que la rigidez de opinión propia implica (y valida) la rigidez de opinión ajena. Ergo, imaginamos (por desgracia no sin acierto), que ponernos a hablar de política con quien no debemos es el camino más corto de tener una bronca, bronca que, fruto de esta monolítica visión que nos ocupa, no tendrá de hecho nada que ver con la política, sino con formas encontradas de ver la vida. Por lo tanto, y por tener la fiesta en paz, no se habla de política. Cerrojado. Tabú.

Hay otro afluente que se une a este caudaloso río, y es que, como decía en la entrada anterior, en general tenemos poco conocimiento acerca de las leyes y estructuras del estado de derecho. Por tanto en el caso que nos ocupa, la ignorancia, aparte de atrevida, es también garantía de que casi cualquier conversación sobre política estará plagada de errores y/o imprecisiones, lo que ayuda a embarullar aún más las discusiones de esta índole.

Mal panorama el del debate político en esta España nuestra.
Pero aún teniendo en cuenta todas estas taras, aún a pesar de los pesares, es necesario hablar de política.

De hecho es vital hacerlo porque, salvo afiliarse a un partido, no existe otra manera de implicarse en la marcha de nuestro país. El debate y el intercambio de ideas y puntos de vista, aunque no se llegue a un acuerdo o consenso, son realmente los que convierten a una masa de gente en un electorado. Pero para debatir correctamente es preciso dejar antes a un lado el miedo a la contienda y abandonar el miedo a la opinión ajena. Ésta es siempre fuente de enriquecimiento independientemente de si se está de acuerdo o no con ella. Y, aún más importante, intentar despojarse de esa cerrazón mental que impide ver más allá de la propia realidad.

La democracia es el mejor sistema político que conocemos, pero hay que ganarla. Hay que luchar por ella y por defender el derecho propio y ajeno a expresar opiniones. Si no se hace, entonces no se tiene democracia sino una burla con una máscara pintada. La democracia hay que ganarla. Costó mucho conseguirla y sin embargo no estamos haciendo suficiente por mantenerla viva.

Insisto: hay que hablar de política.
Ahora, que cada palo aguante su vela.

miércoles, noviembre 17, 2010

Nos lo merecemos

Definitivamente, nos merecemos a nuestra clase gobernante.

Lo digo en serio. Es una afirmación que no dice mucho a nuestro favor como electorado, pero es lo que hay. Nosotros les elegimos, nosotros les votamos.

En el fondo ver un debate en el congreso es como ver una carrera de fórmula 1 o un partido de fútbol de primera división. El personal ya ha escogido a quién anima, a alguien que, habitualmente es millonario y tiene un planteamiento de vida que la gente de a pie no podemos ni imaginar, por las razones que sean. Pocas de esas razones son realmente racionales. Las emociones son más profundas y encima no hay necesidad de explicarlas. Un chollo vaya. Luego vuelvo sobre esto.

Pero a lo que vamos. Un político es, salvo excepciones, mucho menos rico que un piloto de F1 o un jugador de fútbol de primera, pero tiene en común con éstos que es un personaje público y lúdico. La política, o mejor dicho, los actos y discursos que llevan a cabo los políticos de este país, es algo sobre lo que no se suele reflexionar pero que sin embargo se puede debatir enconadamente en la barra del bar. Es esto último lo que le da el componente lúdico al asunto. En parte entiendo a este pobre pueblo; a fin de cuentas pocas de las cosas que se dicen en el congreso o el senado atañen a los ciudadanos de forma directa. Las pocas veces que no se están tirando los trastos a la cabeza entre ellos lo que hacen es hablar de leyes y de derecho. Un rollo vaya. 

Pero hay algo más grave aún, y es que de vez en cuando, cuando se desea que algo se debata en la calle (eufemismo para decir que se desea agitar a la opinión pública a favor o en contra de alguien), se pone el foco en algo y entonces... ay entonces. De repente todo el mundo se conviere en experto en leyes, entiende hasta el meollo de la cuestión y no sólo eso, sino que además tiene la solución. Es fantástico, como si fuésemos un país de ciudadanos tan cultos como en el pueblo de "Amanece que no es poco", pero que como tenemos otras preocupaciones, dejamos que los más tontos del pueblo sean el alcalde y los concejales. Pero esa no es la realidad. Lo que hacen, con notable ingenio por cierto, es apelar a los sentimientos de su electorado, introduciendo sutilmente el mensaje de que no sólo ellos tienen razón sino que lo que hacen es Lo Correcto. Así, con mayúsculas. Ergo los que no opinen igual, pobres de ellos. Serán objeto del desprecio más absoluto, arrojados a la hoguera sin siquiera una posibilidad de explicar su punto de vista. Porque lo de los puntos de vista es de enteraos y de cobardes. Sólo hay dos puntos de vista: el mío y el equivocado.

Yo soy un hijo de la democracia, de manera que ignoro de primera mano si esto ha sido siempre así a través de las épocas. Tampoco es importante por otro lado. Pero mirando cómo somos y el papel que hemos tenido a lo largo de la historia me inclino a pensar que un gobernante español es sólo una figura, alguien de quien admirar el porte, la facilidad de palabra, lo seguro que parece cuando habla. Y, por supuesto, alguien a quien poder echar las culpas si las cosas no salen como pensábamos. Huelga decir que con este plantel, lo profesional y preparado que pueda estar pasa a un tercer plano. Queremos a alguien que quede bien en las fotos, que eche toda la porquería que pueda a los adversarios y que de la sensación de que tiene todo atado y bien atado (de qué me suena esto...). Lo que me extraña es que ningún torero se haya metido en política. Con unas cuantas clases de dicción arrasaría. Cuántas de las virtudes admirables en un torero, ese pundonor, esa valentía, ese arrojo, ese porte, querríamos en un político. Bueno, salvo los catalanes claro, ellos ya han dejado claro que no, que prefieren un prestamista. Nadie puede negar que son listos.

No tenemos consciencia de pertenecer a un estado de 45 millones de personas. Tenemos el horizonte en nuestro barrio y en nuestra gente. País de catetos madre.

Y ahora que me he quedado a gusto con este exabrupto, a ver si consigo armar algo consistente. Intentemos definir los factores que han permitido que tengamos la clase política que tenemos.

Este país es complejo porque es heterogéneo. Cuenta con varias regiones donde hasta al clima varía, así como la gastronomía, las relaciones interpersonales, y la forma en general de ver el mundo. No son regiones demasiado extensas porque España tampoco es muy grande, y las más grandes de éstas, como las dos Castillas, tienen poca densidad de población. Este y otros factores históricos explican en parte la tendencia a ocuparse sólo de los propios asuntos que tenemos los españoles. Es obvio que esa tendencia determina la visión que tenemos del Estado y de su organización, que no es otra de una visión localista de algo que no lo es y que no puede ser entendido a menos que se abandone esa perspectiva de ojo de cerradura. Pero este es un primer factor importante: el Estado nos es extraño porque en esencia no lo entendemos ni entendemos su razón de ser.

Pero hay otra cosa que sí sabemos: que pagamos impuestos, que el estado se sustenta con nuestro dinero. Y que, por tanto, lo suyo es que ese dinero nos sea devuelto de alguna manera, sea mediante servicios e infraestructuras o mediante posibilidades para satisfacer nuestras necesidades. Esta afirmación, rotundamente cierta por otro lado, esconde un peligro si se mira desde una perspectiva local: el convencimiento de que, puesto que le pagamos nosotros, tenemos derecho a pedirle lo que queramos al estado y el deber del estado es cumplir ese deseo. Este es el segundo factor importante.

Estas dos razones bastan para explicar por sí mismas porqué los candidatos regionales que ganan son aquellos que prometen al electorado obtener más prebendas del gobierno central, pero aún hay más. De todo lo anterior se desprende que un gobierno español compartimentado tenderá a potenciar la aparición de líderes regionales fuertes, los cuales, merced a las competencias autonómicas y al voto de la población, cuentan con un rango de acción bastante amplio. Si a esto le añadimos la circunstancia actual en la que el poder se reparte entre dos fuerzas mayoritarias (PSOE y PP) asistimos al nacimiento de las baronías de uno u otro bando.
Todo esto se traduce en un tercer factor: la población adscrita a una visión localista del estado, a la hora de emitir el voto para un gobierno regional o local, presenta una fuerte tendencia a dar más peso al político que al programa que defiende, de valorar su imagen y sus promesas de conseguir más ventajas del gobierno central en vez de exigir una explicación de las razones por las que debería ser votado. En definitiva, y poniéndome in situ, nos gusta más el carisma que la profesionalidad y la formación de nuestros líderes; y no porque valoremos poco esas virtudes, sino porque no nos molestamos en buscar elementos de juicio para poder medirlas. Acerca de esta falta de curiosidad (típica y tristemente hispana) tengo que escribir también, pero no nos desviemos. La regionalidad o localidad del candidato es importante porque esta perspectiva del votante, a pesar de no excluir a priori al resto del estado, se circunscribe a la región o a la población por ser entidades manejables y conocidas de primera mano por él. Si el candidato consigue transmitir al electorado una sensación de comunión con la tierra que aspira a gobernar tendrá muchas posibilidades de salir elegido.

Teniendo todo esto en cuenta es fácil adivinar que alguien que llega a ser dirigente regional ya ha hecho la parte más complicada del trabajo, que es obtener la confianza de los electores. A poco que sepa presentar las acciones de su partido como éxitos y no cometa errores de peso, podrá estar en el poder tanto tiempo como desee. Ayuda en eso otro factor, también  típica y tristemente hispano, que no es otro que la tendencia a ver con escepticismo cualquier cambio que sobreviene si no se percibe un peligro o razón de peso para ello. O lo que llamo el síndrome "si tira, no lo toques", o, por usar algo más clásico, "mejor no meneallo". Con esto no quiero decir que el electorado no sea capaz de votar por el cambio (sobrados ejemplos hay de ello, tanto a nivel regional como estatal), sino tratar de definir la única motivación para que sobrevenga ese cambio.

¿Y qué motivación única puede ser esa? Pues, evidentemente, el castigar a un dirigente que lo ha hecho mal. No castigarle por no hacerlo bien, pues hemos visto que con no hacerlo mal es suficiente para mantenerse arriba, sino por haberlo hecho mal. Éste, y no otro, es el único fulcro de la palanca que puede en este país desalojar a un gobierno y poner otro. Ha aparecido el voto de castigo en escena.

Las implicaciones de esto son variadas y preocupantes. Dejando aparte juicios aparte de nuestro valor como electores, hay algunas que marcan el comportamiento actual de nuestra clase política. Veamos algunos de ellos:

  • La metamorfosis del partido de oposición en una plataforma de crítica destructiva: Resulta obvio que, resultado de todo lo anterior, el principal partido de la oposición percibirá que el único camino que lleva a ganar las elecciones pasará por presentar todas las acciones del gobierno como actos ineficaces o perjudiciales, en el intento de transmitir una sensación de fracaso de dicho gobierno. Uno de los principales actores del juego democrático guarda el cerebro y saca la ametralladora dialéctica, lo cual le impide, salvo honrosas excepciones, congeniar o pactar nada con el gobierno. Es muy triste porque en democracia, un gobierno necesita una oposición responsable. Pero sigamos.
  • El traslado del mal clima político al votante: Evidentemente un clima político agitado dificulta, cuando no impide, el debate y el consenso, vitales para un gobierno democrático. Ese clima enrarecido, merced a los distintos medios de comunicación y con fines electorales, se traslada a la población, la cual ve incentivada su tendencia a contemplar al votante de signo contrario como un enemigo, como alguien digno de desprecio. Así el ambiente político, que debería siempre basarse en la crítica constructiva y en el libre intercambio de ideas, se envenena cada vez con más facilidad
  • La percepción del voto útil y no útil: De las cosas que más daño le hacen a una democracia. Esto denota una profunda falta de fe en el sistema democrático español, pues implica la percepción de los grandes partidos políticos como únicos garantes de estabilidad y la gobernabilidad. O, dicho de otro modo, es preferible una pelea entre dos por ser algo manejable a una pelea entre veinte. Esta percepción también va indisolublemente vinculada al voto de castigo que mencionaba arriba; los votantes no buscan una alternativa que vaya acorde a sus ideas porque perciben esos votos como perdidos, y total, lo que se busca en definitiva es que no ganen los del otro signo, de manera que se escoge votar a la fuerza mayoritaria más afín. Una corrupción, en definitiva, del espíritu constructivo que debería ser la médula del derecho de sufragio universal, que tanto esfuerzo, sangre y lágrimas ha costado conseguir.
  • La metamorfosis del gobierno en una contra-oposición: De perogrullo. Defenderse de los ataques de la oposición mediante el contraataque pasará a ser la prioridad absoluta del gobierno, pues él tambien sabe que la única palanca para desalojarle del poder pasa por un cambio en una opinión pública tendente a votar "en contra de" en vez de "a favor de". El gobierno azuzará pues a su electorado para que vote en contra de los que votan en contra de él. De esta manera las elecciones se convierten en una contienda donde los que votan en contra de alguien son multitud. Este es el paso final. Se ha logrado pervertir todo el sistema democrático.
Así pues hemos llegado a la situación actual. El gobierno central no deja de ser el campo de disputa para los diversos poderes regionales y autonómicos, con la tara añadida que emana del desconocimiento que tenemos los ciudadanos del estado de derecho en que vivimos. Los conflictos y problemas de las Cortes Generales son consecuencia directa de la situación heredada de dichos poderes autonómicos, así que no es extraño que en el Congreso y en el Senado haya el clima que hay. Porque a esos políticos también les votamos nosotros y el problema arranca de nosotros, los ciudadanos.

Así pues, en resumen:
  • Factores de inicio: percepción localista del Estado y desconfianza ante los cambios. 
  • Resultado final: un gobierno que no gobierna, una oposición que no hace oposición, y un electorado dividido que vota para que no salgan los de enfrente.
Insisto: nos lo merecemos.
Ahora, que cada palo aguante su vela.

lunes, noviembre 15, 2010

Pequeños placeres, grandes momentos

Un desconocido que te sujeta una puerta en el metro para darte tiempo a llegar y cogerla.
Una sopa calentita y en su justo punto de sal.
Una conversación de esas que te hacen mejor persona.
Una tarea bien hecha, aunque sea con un procesador de textos y sepas que ese manual no lo va a leer nadie.
Una cerveza bien tirada, sea una humilde caña o una Gulden Drak.
Tu cabeza andaluza, morena y hermosa apoyada en mi hombro.

La sensación de que, a pesar de los pesares, todo podría ir mucho peor.

Paz herman@s.

miércoles, noviembre 03, 2010

Ya no hacen las cosas como antes

Mardito sea el nombre de satán. Pero si apenas ha sido una rozadura. En serio. No tendía que haberse roto. UNA CHUPA DE CUERO NO SE DEBERÍA ROMPER CON DIEZ DE PIPAS.

Maldición... me encanta esa cazadora. Voy a intentar arreglarla. Espero que no se canteen con el precio porque prefiero arreglar algo a comprarme algo nuevo. De todas formas, lo dicho: ya no hacen las cosas como antes.

martes, noviembre 02, 2010

Amerika

Trankilos, q n me e echo de hesos que heskriven hasín. Lo que pasa es que he encontrado el video de este gran tema de Rammstein.

 

Sin entrara valorar sus otras obras (especialmente, por lo más sagrado, este tema en castellano... qué horror madre), Amerika me parece muy grande.

We're all living in America, guys. Plain and simple.

Esta mañana venía oyendo en la radio una tertulia (de las de contertulios, no de las de tertulianos, por fortuna), y uno de los participantes dijo algo que me ha parecido interesante. Se estaba debatiendo acerca de las elecciones en EEUU, acerca del presidente Obama, y más en general, de la manera que tienen los estadounidenses de hacer y entender la política. En un momento de la conversación uno de los participantes, contestando a una observación acerca de la aparente decadencia de EEUU frente a otras potencias emergente, principalmente china, dijo que la decadencia estaba totalmente integrada en la perspectiva del pueblo estadounidense acerca de sí mismo. Que vaya, que llevan más de medio siglo en decadencia, o eso se lleva diciendo, y que él no terminaba de verlo. Y, mirando un poco alrededor, comparto en parte ese excepticismo acerca de la decadencia del modo de vida norteamericano. Matizo: estoy completamente convencido de que el sistema capitalista actual no es válido y terminará por caer (aunque yo probablemente no lo veré), pero ese sistema no es exclusivo de los yankis. Ni mucho menos. Igualmente pienso que yo no veré la caida de EEUU, o bien porque cuando pase yo ya estaré criando malvas, o bien porque tal vez haya una crisis global que empeñezca cualquier crisis "local". Y la culpa la habremos tenido nosotros.

¿La razón? Pues que los seres humanos occidentales estamos tremendamente pagados de nosotros mismos. Tenemos un ego tan pesado que casi no nos deja movernos más allá de unos pocos centímetros, una nariz tan larga que no asumimos que pueda haber algo más allá de ella, y sobre todo, un desmedido afán de apropiarnos de todo lo de nuestro alrededor. Y estos son sólo los más pequeños de nuestros problemas.

Pero llevamos siendo así muchas centurias. Todo lo que ha venido pasando no es sino una secuencia lógica, un proceso contínuo iniciado mucho tiempo atrás, un compendio de tendencias sociales que han marcado la evolución de la humanidad hasta su punto actual. Han sido muy pocos los visionarios que han sido capaces de ir más allá del velo de estupidez congénita que nos caracteriza, y han podido ver por dónde podría evolucionar el cotarro. Pero hay una alarmante coincidencia: todas aquellas visiones que daban un poco de esperanza al ser humano pasaban por un cambio fundamental en su manera de ver el universo y la vida. Y a sí mismo, claro.

Pero tranquilos, no nos pongamos nerviosos, tranquilos en nuestro sillón.
Total, ya aparecerá alguien para salvar el día. Y si no... bueno, no es culpa nuestra. ¿Verdad que no?

Desayunando y hablando de suicidio

Las conversaciones del desayuno siempre son interesantes, aunque a veces hablemos de temas poco agradables. Esta mañana le he tocado el turno al suicidio, acerca de si era o no cobarde o egoista, acerca de si era un derecho o una vulneración del mismo, acerca de las circunstancias...

Realmente no he oido nada que no hubiese oido antes, pero siempre resulta estimulante oir un educado intercambio de opiniones encontradas, aunque se trate de un tema que a algunas pesonas les toque de demasiado cerca.

Según volvía al trabajo iba pensando que la verdadera pregunta subyacente detrás de la conversación era si la vida humana pertenece o no a cada cual, pero tengo la sensación de que estoy equivocado. La verdadera pregunta no es esa. Ni siquiera sé si hay una verdadera pregunta.

Pero es bueno estar en una estancia y en una compañía que permite abrir ventanas a lo desconocido, aunque sólo sea mirarlo desde la ventana, aunque al debatir sobre ello se termine cayendo en lugares comunes. Es como caminar por un glaciar sin saber exactamente cuánta nieve hay debajo de uno. Me gusta desayunar con mis compañeros. Son gente estupenda.

Y ahora, a ver si soy productivo, al menos durante un rato.

lunes, noviembre 01, 2010

Recordatorio

A veces un amigo te cuenta un problema. Y a veces lo que quiere no es que le animes o que le des tu opinión, sino simplemente desahogarse y ya está.

Tengo que volver a quedarme en silencio. Así uno no se equivoca nunca.

viernes, octubre 29, 2010

Tiempos interesantes en el curro

A estas alturas del cuento ya hay pocas cosas que me sorprendan de mi curro. En estos casi nueve años que llevo en él ha habido literalmente de todas las situaciones y eso al final te arrebata un poco la perplejidad ante lo que llega.

Pero el fin de este año y el comienzo del que viene prometen. Por un lado, a casi todos los becarios del departamento se les termina la beca, y es poco probable que vengan más. Por otro, la responsable de técnicos, una magnífica trabajadora, está con un bombo de siete meses y claro, se dará de baja por esa fecha por obvios motivos. Y para rematar hay cambio del antivirus corporativo en todos los equipos de la universidad. Doce mil ordenadores sin contar aulas. En las mismas fechas.

Oh sí...
/me se frota las manos
Va a ser una fiesta.

jueves, octubre 28, 2010

Por favor, pasen al fondo

Es que no es tan complicado, narices. De verdad. No os vais a morir por llegar al puñetero fondo del autobús. Pero claro, ¿para qué? ¿Por qué asumir un poco (muy poco) de incomodidad si así os quedáis un metro más cerca de la puerta, aunque eso implique fastidiar a todos los que tenéis detrás y/o que no pueda subir más gente?

La EMT de Madrid funciona muy bien. Los autobuses son modernos, pasan cada poco tiempo, y además bastantes cuentan con un altavoz en el que el popular "Loquendo" avisa tanto de las paradas siguientes como de la fecha y hora. Me encanta:

"Próxima parada, avenida Complutense, Paraninfo. Parada común de lineas: Ochenta y dos, ciento treinta y dos, EFE, GE."
"Son las diesiete horas del veinte de septiembre de dosmil diez".
"El Tuaren Kalimdoriano es originario de Mulgore. Hay diversas teorías sobre el origen del Tuaren..."

Me parto con el trasto ese XD. Pero mi favorita es esta:

"Por favor, pasen al fondo".

Los problemas que tienen estos autobuses son ni más ni menos que los de cualquier otro medio de transporte en una ciudad grande, los que provienen de las horas punta y de llevar volúmenes enormes de gente. Por eso me revienta profundamente ver pasar autobuses con la parte delantera llena literalmente hasta los topes y ver que la parte trasera no tiene a casi nadie. ¿Pero es que la gente es idiota?

Una pregunta similar (y su correspondiente respuesta afirmativa) se la debió hacer la persona que tuvo la idea de ponerle la frase de marras al Loquendo del autobús. El conductor tiene un botón en el salpicadero que activa el altavoz y se oye claramente "Por favor, pasen al fondo". Y entonces la gente, como por ensalmo, comienza a moverse (lentamente) hasta llenar el autobús. A veces el conductor tiene que pulsar el botón repetidas veces para que el personal se dé por aludido. Y ese personal no son sólo las (temibles) viejecitas no... es TODO el mundo. Manda narices que necesitemos que la voz sintetizada del Loquendo nos impulse a hacer algo que debería salir de nosotros.

De manera que, por favor, pasen al fondo. No cuesta nada y es mejor para todos.

Sí, todos. Ah, que no saben lo que es...
Pues "todos" quiere decir... bah, olvídenlo.

miércoles, octubre 27, 2010

No hablo sobre espiritualidad por esto

La espiritualidad es algo personal y por lo tanto se debe ser cuidadoso al hablar de ella.

Las razones de esto son varias. La primera de ellas es que la espiritualidad se vive de una determinada manera, a través de la percepción y de la mente. Esto hace que cada cual tenga una imagen genuina y propia de ella, a pesar de haber ciertos elementos comunes. Es gracias a estos elementos comunes que se puede hablar sobre la espiritualidad, pero hay una parte de ella que no puede ser comunicada por su propia naturaleza.

La segunda razón es que la espiritualidad cambia la percepción tanto de la propia persona como del entorno, y la naturaleza de esos cambios son tan íntimos y personales como la naturaleza de la propia espiritualidad.

La tercera razón es que la espiritualidad debe basarse en actos y no en palabras. Hablar de meditación no es igual que meditar; hablar de la espiritualidad no es igual que vivir la espiritualidad; hablar de la trascendencia no es igual a sentir y explorar la trascendencia. Hablar de todo ello suele ser un ejercicio vano y banal.

Es por esto que no suelo hablar demasiado de espiritualidad, a pesar de ser una parte integrante e importante de mi vida y de mi psique. Realmente la espiritualidad como concepto no es sino otro constructo mental humano, y, como cualquier otro concepto, está sujeto a debate, juicio y crítica. Pero el concepto de espiritualidad es como el concepto de horizonte o el concepto de firmamento: simplemente son definiciones para algo que efectivamente no está ahí, o mejor dicho, de algo cuyo emplazamiento y aspecto son relativos al observador. Fronteras en definitiva. El horizonte es la zona donde la curvatura del planeta supone una discontinuidad del paisaje visto desde un punto, pero nadie es capaz de señalar en un mapa el lugar donde se encuentra el horizonte porque se encuentra potencialmente en todos los lugares. El firmamento es la imagen del espacio exterior que tenemos desde nuestra posición, pero por mucho que nos movamos por él siempre hay firmamento lejano que observar. Tanto el horizonte como el firmamento son fenómenos relativos al observador porque, aunque todos podemos observarlos, teorizar y discutir sobre ellos, siempre son lejanos y se mueven junto con aquel. Con la espiritualidad pasa algo parecido puesto que existe una frontera natural traspasada la cual, las palabras simplemente no sirven. Como un horizonte de sucesos en torno a un agujero negro, podemos definir la frontera, pero nada más.

Es importante señalar ahora que, aunque los conceptos de espiritualidad y religión estén hermanados y suela asociarse la una a la otra, espiritualidad y la religión son cosas distintas. Haciendo una analogía, la religión es la vasija y la espiritualidad es el vacío que contiene. La religión es el ritual, los mantras, los rezos y oraciones, los deseos y los pensamientos, los templos, todas las manifestaciones físicas relativas a ella en definitiva. La espiritualidad no es nada de eso, pero al mismo tiempo es todo eso, y más. Por eso cuando se habla de espiritualidad no se está hablando de ella, al igual que yo ahora no estoy escribiendo sobre ella y tú no estás leyendo sobre ella.

No hablo sobre espiritualidad, porque no hay nada que decir.

Dicho lo cual, me voy a comer algo.

¿Por qué no estoy en Facebook?

Los que me conocen saben que no estoy adscrito a ninguna red social tipo Facebook o Twitter. Cuando me preguntan la razón siempre contesto, en el caso de Facebook, que no me gusta el tipo de filosofía de una gente que coloca (o colocaba, ignoro si lo han cambiado) toda la información publicada con el estatus de información pública. En el caso de Twitter... no sé lo que contesto porque aún no lo ha preguntado nadie.

Me temo que esto sólo es una verdad a medias. De manera que voy a intentar responderme a mí mismo a la pregunta del enunciado: ¿por qué no estoy en Facebook?

Bueno, la primera razón que se me ocurre, es que no me hace ninguna gracia publicar información mía en un lugar que no considero fiable (a pesar de que en este blog hay suficiente información sobre mí como para que cualquiera con un mínimo afán investigador, mucho tiempo libre y un incomprensible interés en mi persona, construya un retrato mío bastante fidedigno, pero no lo considero lo mismo principalmente porque en FB cualquiera tendría lo mismo sin esfuerzo).

Otra razón es que Facebook es un tablón inmenso con una cantidad ingente de información, la cual, empero, me parece mayoritariamente inútil. Yo no necesito saber cómo les va a mis colegas el 100% del tiempo. Llamadme descastado si queréis, pero es la realidad.

Otra razón es una suerte de mal llamada rebeldía que no me es desconocida. Me gusta diferenciarme del resto de la gente, del mainstream. Soy perfectamente consciente de la supina idiotez que esto que acabo de decir, pero es bueno asumir las idioteces propias (aparte de la parte relativa al autoconocimiento, te ayuda a soportar mucho mejor las idioteces ajenas). También soy consciente de que no por ello dejo de ser mainstream también, aunque sea de otra manera. Pero esta manera me requiere menos esfuerzo.

Lo que me lleva a otra razón: en algunas cosas soy muy perezoso y meterme en Facebook me da una pereza terrible. Creo que tengo una buena comunicación con mis amigos, la cual va por el canal que ellos y yo queremos y decidimos. Tener otro canal más... sencillamente no lo veo, y menos uno que no va a incrementar la calidad pero sí la cantidad de información. Y ya tengo suficiente con cribar la que me llega como para encima meter más ruido.

Probablemente hay otra razón que es que no me siento demasiado sociable últimamente.

Mmmm... qué más, qué más...

No sé. Tal vez me esté haciendo viejo para algunas cosas. Quiá. Las narices. ¿No me apunto a Facebook porque soy un viejo gruñón de 30 años? Oye tú, que a lo mejor es verdad... XD

lunes, octubre 25, 2010

La Lucha

Hoy venía reflexionando en el metro acerca de las peleas. Me refiero a las peleas físicas, llenas de sudor, mala leche y ganas de terminar con el otro. Y de lo poco que tiene que ver una pelea en la vida real con las que se muestran en la televisión/inet/realidad-secundaria-a-elección.

No hay que llevarse a engaño. Las peleas en la vida real casi nunca son en buena lid. Pocas veces son de uno contra uno en igualdad de condiciones y precedidas de un saludo, salvo de los gimnasios y los dojos. Son son "estéticas" ni obedecen a una coreografía en el 99% de las ocasiones. Por el contrario, suelen ser algo sucio y torpe, más similar a las peleas de animales que vemos en los documentales de la 2.
No recuerdo quién fue aquel que dijo algo similar a que una pelea con armas es lo que distingue una pelea entre humanos de una entre bestias, aunque creo que puedo seguir una linea de pensamiento que desemboca en esa sentencia. A fin de cuentas las armas lo que hacen es sustituir el poco estético forcejeo cuerpo a cuerpo por otra estrategia, la cual suele estar supeditada a un código de conducta cuando se lucha. Sin embargo pelear sin armas y sin reglas tiene un extraño atractivo, atractivo que no sino la sombra o el reflejo platónico que muestra una luz más antigua que las palabras y que el ser humano.

Leyendo el magnífico libro de Chuck Palahniuk llamado El Club de la Lucha pensaba precisamente en la necesidad que tenemos los seres humanos de sacar de vez en cuando esa "bestia" que todos llevamos dentro a dar un paseo. Parafraseando al maestro Yoda, esa ira, ese odio, esa agresividad. Pero en el Club de la Lucha no importa ganar o perder, lo importante es luchar, sin más. Sacar a ese engendro de su jaula y darle vía libre para que durante el tiempo en que se lucha asuma la forma más pura posible. Recomiendo encarecidamente la lectura de este por otro lado perturbador libro. Es excelente y clarificador.

Precisamente es el valor de la contienda por la contienda sobre lo que me quiero detener. No hay preguntas, no hay victoria ni derrota, no hay dudas ni incertidumbres. No hay una lucha del bien contra el mal, de la justicia contra la injusticia, de un héroe contra un monstruo. Simplemente está la lucha, energética y vibrante, toda ella una. Solamente la lucha.

Escribí hace tiempo una entrada sobre los héroes y sobre su lucha. No la busco porque no tengo ganas, pero el resumen de la misma venía a ser este: que los héroes no son solamente aquellos que salen victoriosos contra un dragón, sino que también son los esforzados figurantes que, día tras día, hora tras hora, consiguen victorias comparativamente pequeñas, pequeños pasos hacia el destino incierto que espera allá delante. Que esos héroes tal vez echarán la vista atrás y verán todos y cada uno de esos pasos, y sabrán valorarlos como un buen arquitecto valora todas las partes de su edificio. Que, en definitiva, los héroes son personas normales que tienen la voluntad suficiente como para forjarse a sí mismos.
Vencer miedos, escalar muros, hollar cumbres, caminar trabajosamente el camino hacia el Monte del Destino de cada cual. Cada victoria y cada derrota son un martillazo en el crisol del corazón humano.

La Lucha es el fuego de esa forja, y cada cual debe encontrar el caminio para alumbrarlo, para encenderlo, para quemarse y reforjarse en él. De hacerse uno con él.

Basta por hoy.

jueves, septiembre 23, 2010

Tres décadas... más uno

Dos horas y media quedan. En realidad quedan algunas más pero es convención que sea a las doce de la noche.

Un pacharán, tal vez dos, guitarra y tal vez una pipa de agua. Inventario hecho. Este es simplemente un día más. Hay que seguir. Adelante pues.

miércoles, septiembre 22, 2010

Rol en la Tierra Media

Desde que cayó en mis manos la segunda edición del clásico MERP (Middle Earth Role Playing) de Ice Crown Enterprises hace ya casi una década, he tenido un sentimiento ambivalente con respecto al rol en el mundo de Tolkien. Cuando probé el sistema Rolemaster, también de ICE, esa opinión se ahondó bastante (a fin de cuentas el sistema MERP no es sino un Rolemaster sencillo).

No nos engañemos, montar una buena partida en la Tierra Media no es fácil. Para empezar porque los fans de Tolkien somos en general muy tontos a la hora de criticar el trabajo ajeno en materia de ambientación, todo ello sabiendo que nosotros no lo haríamos mejor. A título personal debo reconocer que tengo el listón muy alto porque si yo dirigiera querría que mis jugadores me exigiesen ese baremo. Un segundo factor es que los personajes y sus relaciones interpersonales en el Señor de los Anillos obedecen a unos principios bastante rígidos de conducta, fruto sin duda de que el profesor Tolkien era inglés, para empezar, y conservador para seguir. Tenía muy claro cómo y de qué manera tenían que funcionar las cosas en su mundo. Como ejemplos: el sexo es virtualmente inexistente; la clase nobiliaria resulta que contra todo pronóstico (y en contra del mundo real) tiene un caracter noble, las relaciones sociales están basadas en el concepto señor-vasallo (con la notable excepción de los Hobbits) y, en general, los miembros de las diversas razas tienen bastante claro su lugar en el mundo y el que ocupan el resto de razas (de nuevo los Hobbits son la excepción). Adicionalmente la investigación y el progreso se frenan llegado cierto grado (más allá del cual sólo llegan las artes oscuras), y los reinos no tienen revoluciones sociales de ninguna clase. De hecho son ajenos a ese concepto porque el gobernante lo es por mérito, virtudes y nobleza propios (a pesar de que el poder es hereditario). Hay excepciones a esto (la Guerra entre Parientes en Gondor, la guerra civil de Arnor y la división del Reino del Norte en tres partes, el cisma entre Fieles y Hombres del Rey en Númenor, las guerras civiles entre familias de Enanos, el Éxodo de los Noldor de Valinor y la locura de Fëanor, etc) pero en general las cosas se quedan como están y el poder está en manos de los que debe estar.

Todo esto, y otras cosas, son como un cinturón (demasiado) apretado en la cintura de los que intentan introducirse en ese mundo magnífico para montar y protagonizar aventuras, si aspiran a jugar en la Tierra Media. La gente de ICE debió ver esto y decidió que lo más viable era aflojar este hipotético cinturón en aras de la jugabilidad. Tenían razón desde luego, pues el MERP es excelente y ha sido un referente durante muchos años. El problema es... que no es en la Tierra Media. En ese juego un mago o un animista de nivel alto pueden con Sauron y Saruman a la vez y con una mano atada a la espalda y los guerreros de similar nivel se meriendan Balrogs para desayunar; a pesar de la vasta labor de documentación (e invención, que también tiene mérito) llevada a cabo por los autores, leer MERP da la sensación de que el mundo es simplemente el telón de fondo para un juego de fantasía genérico, lleno de dragones, mazmorras repletas de monstruos y tesoros, y peleas de taberna; de que es un sistema donde un personaje escoge raza como quien escoge el color del pelo, y que incentiva la creación de personajes de combo (necesaria por otro lado si uno empieza en nivel 1, nivel en el que pelearse por ejemplo con un burro genérico es una mala idea, porque un guerrero de nivel 1 pierde contra el burro). Esto, insisto, no es malo, pero a mí siempre me ha dejado con la sensación de que el juego, bueno en cuanto a sistema, se quedaba corto en cuanto a ambientación. Éste es es el ambivalente sentimiento que comentaba con respecto a MERP.

Rolemaster es todo esto, pero con diez veces más tablas.

Con este saludable background me he lanzado a la piscina y el caso es que estoy preparando una crónica para jugar en el año 1408 de la Tercera Edad. Aún no he decidido el sistema pero no va a ser ni MERP ni Rolemaster.

Espero que resulte. Ya veremos.

viernes, septiembre 17, 2010

Me han regalado un teléfono...

... de estos que ahora tiene todo el mundo. En realidad es más un pequeño ordenador de bolsillo que un teléfono. El modelo es un Samsung Onyx, cortesía de Vodafone a cambio de otros 18 meses de permanencia. Como no he tenido ningún problema con ellos, y eso mucho decir en los tiempos que corren, les dije que vale, que me lo mandaran, y ayer fui a buscarlo a la empresa de mensajería. El artefacto tiene buena pinta y trae cantidad de pijadas, aparte de algunas funcionalidades interesantes tales como el Wifi y el GPS. Como yo de momento estoy contento con el terminal que tengo le he regalado el nuevo a mi dama, y ahora ella está en el sofá intentando hacerse con él.

Es impresionante el nivel de consumo y consumismo al que hemos llegado. En serio, no deja de sorprenderme. Los artículos son cada vez más perecederos y estamos permitiendo que se pierdan las costumbres de mantener y arreglar lo que tenemos. Tengo tres terminales móviles en mi casa que funcionan perfectamente, aparte del que uso actualmente. ¿Y por qué? Pues porque estoy tan abducido como el resto y me gustan las piedrecitas de colores como al que más.

En fin...

Un viejo maestro Shaolin me dijo una vez...

... que si aquel que tiene que ir temprano por la mañana al trabajo decide salir la noche anterior a un local del ramo con un amigo a consumir un notable número de bebidas fermentadas, levantarse a la mañana siguiente va a ser duro.

Un sabio, el maestro. Sabía de lo que hablaba.

Una de las señales que amablemente te va dejando la vida para recordarte que ya no eres joven es precisamente lo duro que resulta levantarse en las situaciones como la descrita tan sabiamente por el maestro. Cada vez es más duro. Quién me ha visto y quién me ve, que en ocasiones los compañeros y yo nos hemos ido al curro directamente sin dormir nada y allí bregando como unos titanes, de empalmada, como debe de ser. Claro que hace ya muchas lunas de eso.

Pero me da igual, que me quiten lo "bailao".
Gracias por el excelente rato, amigo mío. Eres el mejor.

Parada en el camino

Y... ¿Hacia dónde queremos ir?
A fin de cuentas ésta es una de las preguntas importantes.

Hacerse esta pregunta es incómodo porque implica colocarse en un lugar en el mundo; y los lugares que ocupamos habitualmente son incómodos.

Luego de la pregunta viene la consabida mirada atrás y, con un poco de suerte, la visión cristalina de las decisiones que nos han llevado hasta el momento presente. No las decisiones banales que tomamos todos los días, sino los puntos de inflexión, las encrucijadas, los momentos que cambian la película. Y, por supuesto, los aciertos y los errores.

Al hacer este ejercicio debo tener en cuenta varios puntos importantes:

- Nunca sabré a dónde me habrían llevado la miríada de caminos que no tomé, así que no merece la pena preguntarse sobre ellos.
- No tienen más méritos mis aciertos que mis errores, porque ambos son lo que son, decisiones en momentos importantes. Y ambos tienen el valor que tuve yo.
- Sea cual sea el camino andado, el camino futuro es incertidumbre.

Hecho esto me repito la pregunta, pero ya más compleja y con más trasfondo. Dentro del "Hacia dónde quiero ir" ahora va implícito el "a dónde puedo ir" y el "qué estoy dispuesto a hacer para llegar hasta allí". Son preguntas aún más incómodas que la primera. Porque hay sitios a los que ya no podemos ir, sencillamente se nos ha pasado el momento; y porque, sea a donde sea donde escojamos dirigirnos, va a requerir un esfuerzo.

Cuando uno llega a la treintena y mira lo que ha hecho se da cuenta de varias cosas: la primera es que muchas tonterías se han quedado por el camino pero que las que quedan son más fuertes. La segunda es que todo aquello que se recuerda haber conseguido ha sido mediante esfuerzo y constancia y no mediante cualidades dormidas o latentes que finalmente salieron a la luz. No. Sigo teniendo un buen físico porque no he dejado de hacer ejercicio durante toda mi vida. Sigo siendo razonablemente culto porque no he dejado de leer ni de exponerme a corrientes nuevas de pensamiento. Sigo siendo razonablemente inteligente porque siempre creo que es posible serlo más y me esfuerzo por no apolillarme. Sin duda mi predisposición genética al ejercicio, mi curiosidad innata y mis dotes naturales han ayudado, pero ya no me llevo a engaño: ha sido la constancia la que ha dado sus frutos. La tercera es que el cambio no sólo no es algo ajeno sino que está a la distancia del grosor de una sombra, y que siempre hay que estar preparado para que, cuando llegue, no le pille a uno con el pie cambiado. La cuarta es... que uno ya no es joven, a pesar de los constantes esfuerzos por parte de la sociedad para alargar la juventud o la adolescencia. Yo ya no soy joven. Soy un adulto. Y ambos conceptos no son compatibles en mi cerebro.

Bien, es hora de caminar.
Adelante pues.

lunes, julio 12, 2010

Cosas para recordar

Conforme van pasando los años voy descubriendo que la amistad verdadera es una de las formas más puras de amor. Y es precisamente esa pureza la mayor de sus fortalezas y también su mayor debilidad.

Yo empecé muy tarde a tener amigos, y eso me hizo valorar la amistad mucho más que la media general del personal con el que me he ido encontrando. Con mis primeras amistades vinieron las primeras traiciones y también los primeros desamores, pero hubo algunas que sobrevivieron y crecieron. Algunas incluso se hicieron más profundas y hundieron sus raices en la tierra. Después mi mundo se ensanchó y pude aprender más cosas, ver que las personas no somos monolíticas, y explorar el inmenso y enmadejado mundo de las relaciones humanas como un explorador por la selva. Sólo que yo nunca llevé machete, pero es igual, nunca me ha hecho falta.

Decir que las relaciones humanas son complicadas resulta algo banal a estos alturas. Pero me da lo mismo: las relaciones humanas SON complicadas del carajo, y las de amistad lo son más todavía. De hecho la complejidad es tan grande que a veces uno no puede evitar perder el norte de vez en cuando. Es este el momento en que este explorador que escribe deja su mochila al lado de un árbol, se sienta, y se pone a recordar lo que le ha llevado ahí.

Ganas de agradar desde luego, ese fue mi punto de partida. Y cuando me di cuenta de que tenía capacidad para hacer que las personas de mi alrededor se sintiesen mejor simplemente escuchando con atención lo que tuvieran que decir, eso es lo que hice. Escuché y aprendí muchas cosas. ¿Qué hice con las cosas aprendidas? Algunas las olvidé porque uno no puede recordar todo, pero otras las integré y aún ahora forman parte de mi conducta. Poco a poco me fui sintiendo más seguro de mí mismo, lo bastante como para empezar a seleccionar con quién quería estar. Mis círculos se fueron reduciendo y luego dejaron de ser círculos. Ahora son personas, y no demasiadas, las que están cerca. A la mayoría las conozco desde hace más de cinco años y eso me ha permitido ver su evolución y también la mía. Los amigos muchas veces actúan como espejos. Ésta es una enseñanza importante.

No todas las personas que he conocido me han resultado interesantes pero siempre he pensado que todas ellas tenían algo que decir, y me he esforzado porque me lo dijeran. Un esfuerzo que siempre se ha reducido a sentarme delante de ellos y escuchar con toda mi atención. Nunca ha hecho falta nada más y está bien que así haya sido; las personas quieren hablar y que se las escuche. Ahora es diferente porque mi atención está más dividida y porque creo conocer algunas historias que me cuentan. Craso error, porque la historia siempre es tanto el contador como lo que cuenta. ¿Acaso tal vez no sea mi atención sino mi interés por las cosas nuevas el que va decayendo poco a poco? Es posible, pero eso es aún peor. No estoy tan receptivo como antes.

Bien, tengo dos opciones: intentar volver a estar receptivo porque creo que es bueno y fructífero, o bien seguir por esta linea de progresiva reducción de personas a mi alrededor, lo que me dará tranquilidad. Volver a la anterior bifurcación o seguir por aquí.

Menos mal que el camino es la meta en sí mismo porque si no no podría dormir XD

Sí. Conforme van pasando los años voy descubriendo que la amistad verdadera es una de las formas más puras de amor. Y es precisamente esa pureza la mayor de sus fortalezas y también su mayor debilidad.

miércoles, junio 16, 2010

La UCM: Crisis financiera pero ¡que no se mueva nadie que hoy juega la Selección!

Esta va a ser una entrada corta porque realmente hay poco que añadir al siguiente hecho: hoy en el salón de actos del Centro de Proceso de Datos de la UCM se va a visionar en el proyector el partido de la selección española contra Suiza.

Tócate las narices Mariloli...
Y luego nos extrañamos de que los trabajadores del estado tengamos la imagen que tenemos.

La UCM. 150 millones de euros de deuda que se van a costear en parte cediendo el edificio del Vasco de Quiroga y vendiendo terrenos pertenecientes a la facultad, despidiendo gente del PAS y del PDI, eliminando complementos, cerrando facultades en verano para ahorrar... pero tranquilos chicos que el partido de la selección lo vemos aquí.

Qué tropa, joder qué tropa.

viernes, junio 11, 2010

... Y entonces ella dijo que teníamos que montarle la rueda a la moto

La mente humana es increible. No, en serio, a veces tiene unas cosas para despepitarlo a uno. Como ejemplo: años ha una amiga me pregunta que qué tal ha ido el día en el curro y yo, que me debí quedar dormido en el sofá cinco segundos antes, voy le contesto algo parecido a "mgflshpfhprarunaalabarda". Que nadie me pregunte qué quise decir con aquello; no me acuerdo de nada. Nunca he sentido especial predilección por las alabardas, y además no cabría en ninguna de las casas que he habitado, así que no tengo explicación racional para aquella respuesta.

Y es que anoche me sucedió algo parecido, pero desde el otro lado. Perséfone se había quedado dormida dulcemente y yo estaba a un tris de hacer lo mismo cuando de repente el móvil de mi dama se queja y a continuación su batería muere. En ese momento ella se da la vuelta con los ojos cerrados y pronuncia clara y concisamente: "Te lo dije, que teníamos que haber montado la rueda a la moto". Yo, medio dormido como estaba, tardo unos segundos de estupor en procesar la información, pasados los cuales acierto a decir (por aquello de a ver qué contestaba): "Ya. La rueda de la moto, ¿eh?". Y ella, todo convencida, va y contesta: "Pues claro hombre, la rueda de la moto".

Yo entiendo perfectamente que es recomendable montarle las ruedas a las motocicletas; una moto sin ruedas es algo así como la economía española, que no anda a menos que la arrastren. Pero es que cuando tuvo lugar esta conversación pasaban las doce de la noche y francamente, no eran horas de ponerse a montarla, que digo yo que la rueda y la moto podían perfectamente esperar a la mañana, leñe. Encima, aún siendo ya 41 de Mayo, hacía bastante rasca fuera y no me apetecía nada enfundarme el mono, sacar la llave inglesa y liarme a montarle la rueda a la dichosa moto. Veo mal con poca luz y lo mismo acababa montándole la rueda al wannabe tunero que tenemos por vecino, el del 307 negro con la pegatina de Jimmy, en vez de a nuestra sufrida dos ruedas.

Ante tal avalancha de sentido común decidí no responderle y aguardar esperanzado a que cuando ella se levantase hubiera olvidado tan peregrina idea. Funcionó. Ni siquiera se acordaba de haber tenido la conversación. Afortunadamente, porque mi dama, bendita sea, cuando está convencida de algo es de las de ideas fijas, y yo sabía que el hecho de que ninguno de los dos tuviéramos moto no lo consideraría una traba. Así que ya me veía yendo lloroso al banco y luego al concesionario. Y luego, cuando los colegas me preguntasen que por qué me había decidido a adquirir una moto, yo estaría preparado para responderles de todo menos la verdad, que el respeto está muy caro y uno no está para arriesgarlo de esa manera.

lunes, junio 07, 2010

¿Y a cambio los romanos qué nos han dado?


(Silencio hasta que uno responde...)
"El acueducto."
"¿Qué?"
"El acueducto."
"Ah... si si, eso sí nos lo han dado, eso es cierto, sí..."
"Y el alcantarillado."
"Ah sí, el alcantarillado, ¿te acuerdas cómo olía antes la ciudad?"
"Sí, de acuerdo, reconozco que el acueducto y el alcantarillado nos los han dado los romanos."
"¡Y las carreteras!"
"Evidentemente las carreteras, eso no hay ni que mencionarlo hombre. Pero aparte del alcantarillado, el acueducto y las carreteras..."
"La irrigación."
"La sanidad."
"La enseñanza..."
"Sí sí, de acuerdo, de acuerdo..."
"¡Y el vino!"
"¡Cierto cierto, el vino, por supuesto...!"
(coro de asentimiento y aprobación generalizados)
"Sí, eso sí que lo vamos a echar de menos si se van los romanos, Reg."
"Y los baños públicos..."
"Y ahora se puede salir de noche sin peligro Reg."
"Sí, saben como imponer la ley y el orden. La verdad es que son los únicos que han sabido imponerla."
(carcajadas)
"Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos... ¿Qué han hecho los romanos por nosotros?"
"Nos han dado la paz."
"¿La paz? ¡Que te f**** un pez!"


Para quien quiera ver la escena en video:
http://www.youtube.com/watch?v=zEkb1XDgWlw
Esta escena de la película "La vida de Brian" es para quitarse el sombrero. La pondría en los institutos. Y en los colegios. Y en las universidades. Y en los casinos. Y en todas partes.

Continuando con el tema de la entrada anterior, vamos a ver algunos aspectos del Imperio Romano acerca de la integración y civilización de las zonas conquistadas. Dejando aparte que La vida de Brian es una película increiblemente buena y maravillosamente descacharrante, esa escena resume admirablemente en qué consistía la llamada romanización.
Dice A.E.J Morris en su Historia de la forma urbana: "Los romanos eran plenamente conscientes de que intentar dominar los territorios recién adquiridos mediante el mero empleo de la fuerza podía dar lugar a una continua guerra de guerrillas que distraería a las legiones de su misión de ensanchar y mantener las fronteras imperiales, perjudicando además el desarrollo del comercio. Por esta razón la población autóctona debía ser integrada en el imperio bajo condiciones ventajosas; ello se logró, explica R.G. Collingwood, equiparando romanización a urbanización. Los núcleos tribales, que solían ser poco más que aldeas toscamente ensambladas, fueron urbanizados de nuevo como ciudades romanas de diversas categorías y los miembros más destacados de las tribus, con grados variables de entusiasmo, eran invitados a compartir las ventajas de la cultura urbana romana y de sus perspectivas comerciales."(1)

Morris, estando en lo cierto, no ofrece una perspectiva completa del asunto; en parte fruto de Julio César y sus Comentarios a la Guerra de las Galias, y gracias a determinados títulos de cine (Gladiator), de TV (Roma) o de comic (Astérix), se tiene por lo general una imagen de las legiones romanas combatiendo solamente contra hordas de sanguinarios celtas, de belicosos partos o de salvajes germanos; en definitiva contra colectivos con un nivel sociocultural mucho Estos celtas van a aprender por las buenas o por las malasmenos elevado que sus invasores latinos. Pero la verdad es que los romanos se encontraron con bastantes núcleos civilizados en la conquista de la cuenca mediterránea: las cultas ciudades griegas del Peloponeso, la baja Italia y Sicilia, las populosas colonias comerciantes fenicias, la poderosa Cartago, o los ya por entonces milenarios asentamientos egipcios en el delta y a lo largo del Nilo. Su aproximación a ellos varió bastante según época y lugar, oscilando entre la conquista militar y completa destrucción del lugar, caso de Cartago, o el comparativamente pacífico protectorado de Egipto. Sin embargo siempre hubo una serie de componentes comunes en la consolidación de los territorios conquistados, todos ellos vinculados al concepto, evolucionado a partir de la polis griega, de Provincia Romana.

Antes de meternos con ellos, echemos un vistazo a las categorías que tenía una ciudad en el imperio. En las provincias romanas coexistían cuatro tipo de asentamiento según su rango jurídico:

- Civitas: Estas ciudades eran centros administrativos y mercantiles de importancia, y sus ciudadanos eran romanos de pleno derecho. Habitualmente coincidían con asentamientos ya establecidos antes de la romanización, aunque también habían casos de civitates de nueva fundación, las Coloniae, habitualmente costeras, y fundadas por colonos o veteranos militares utilizando la base de un campamento militar o castra (ver más abajo).

- Municipium: Estas ciudades, que podían alcanzar tamaño e importancia similares a las civitates, compartían sólo en parte los derechos del ciudadano romano. Por contra tenían más independencia que aquellas. Un ejemplo es la York romana, el más importante (aunque no el más grande) municipium de los cuatro identificados como tales en Britania.

- Ciudad aliada: Ciudades sin instituciones romanas, con sus propios sistemas de gobierno y recaudación de impuestos.

- Ciudad sometida: Ciudades bajo ley marcial.

Aunque parezca de perogrullo, es necesario apuntar que dentro del imperio romano la ciudadanía estaba condicionada a la pertenencia a una ciudad determinada. El sistema de censos regulaba esta pertenencia con notable eficacia, y gracias a ellos y al impulso que recibieron de distintos emperadores, podemos estudiar la demografía romana y hacernos una idea de la importancia que tenían los censos en la vida urbana de las provincias. Viendo esto es evidente pues que era de la ciudad de la que emanaban los derechos y deberes de los ciudadanos, y que era en ella donde se desarrollaba toda la actividad administrativa, cultural, artística y mercantil. Era en definitiva la unidad básica del imperio.

Las famosas carreteras de las que hablaba el viejo Matías en la escena que abre esta entrada merecen una mención especial. La red de calzadas romanas unían las ciudades entre sí y llegaban a los lugares más recónditos y alejados. Eran utilizadas por correos imperiales, comerciantes,Los hortelanos del apio montaban los tenderetes en esta vía ciudadanos y soldados. Haciendo un símil podríamos decir que la sangre del imperio corría por las arterias que eran las calzadas (Vía Appia en la imagen derecha).

Hago mención de ellas porque me parece un buen punto de partida para estudiar el proceso de romanización. Cuando una provincia era incorporada al imperio, aquella entraba en contacto con el resto de provincias. Esto hacía posible el comienzo de un flujo migratorio al principio y comercial después. En caso de haber asentamientos importantes, éstos comenzaban un rápido proceso de reconstrucción e incorporación de estructuras que mejoraban la calidad de vida de sus habitantes: alcantarillado, irrigación, baños públicos, escuelas, etc. Al mismo tiempo la élite política del lugar era introducida en las maravillas de la vida romana, y con el tiempo el resto de los habitantes seguía el mismo camino. Urbanísticamente hablando, la planificación de nuevas zonas se hizo utilizando la clásica distribución en retícula, basada en gran parte en la distribución del castra, el cual fue basamento para un gran número de ciudades en toda europa. Sus elementos clave eran, como en la propia Roma, el foro (evolucionado del ágora de las polis griegas), las zonas públicas de recreo (baños y gimnasios) y ocio (teatros y anfiteatros) y las vías. En el caso de estas últimas hay dos que merece la pena destacar por su importancia: en los campamentos de legionarios (y en las ciudades a las que dieron origen) existían las vías ortogonales del decumano (eje este-oeste) y cardo (norte-sur), que dividían el campamento en cuatro sectores. El foro solía estar situado cerca de la intersección de las dos vías. Los templos, dedicados tanto a los dioses romanos como a las deidades locales (algunas identificadas y fusionadas con otras deidades romanas ya existentes, y otras directamente incorporadas al panteón) facilitaban la continuación del misticismo local, ya integrado en la vida ciudadana. La paz, la seguridad y las nuevas perspectivas comerciales convirtieron a los pobladores en una cada vez más pujante clase media con una vida pública activa, y las viviendas evolucionaron en consecuencia: la cabaña mutó en Domus en el caso de ciudadanos con gran poder adquisitivo, o en Insula de varios pisos habitada en régimen de propiedad o arriendo. Así se fueron dibujando las nuevas ciudades romanas.

Hagamos un inciso para hablar de Roma, dado que el proceso de urbanismo en las provincias era en realidad un intento de crear una pequeña copia de la ciudad madre de los romanos en cada asentamiento, tanto si éste era antiguo como si se trataba de una colonia nueva. Roma era el alma del imperio e inspiración para los nuevos colonos. Sin embargo, aún siendo magnífico, el enclave urbano de la Roma imperial tenía grandes problemas urbanísticos y demográficos fruto de su crecimiento desmesurado y de las peculiares condiciones del terreno donde se asentaba. Los valles y hondonadas entre las siete colinas constituían un marjarl cuyo drenaje y eliminación fue un problema desde el principio y que costó ingentes cantidades de esfuerzo a los urbanistas romanos. El sistema de alcantarillado data de esta primera época y constituye un primer intento de canalización y control de aguas residuales. A ras de superficie al principio, con el tiempo quedó enterrado bajo la nueva ciudad y nunca pudo ser modificado para adaptarlo a las nuevas y crecientes necesidades. Algo parecido acaeció en la superficie, cuando los primitivos asentamientos en las colinas del Capitolio y Palatino se extendieron a sus vecinas del Quirinal, Viminal, Celio, Aventino y Esquilino. El crecimiento de la primitiva Roma fue básicamente orgánico, y una vez establecido el trazado pudo ser modificado sólo en contadas ocasiones, como los años posteriores al gran incendio en tiempos de Nerón. Esto dificultó, entre otras cosas, la planificación del trazado de los acueductos y por tanto la dotación de agua corriente a todas las zonas de la ciudad.

A pesar de todo lo anterior, Roma fue la musa inspiradora de los urbanistas y planificadores romanos durante toda la historia del imperio, y la leyenda de su magnificencia ha llegado hasta nuestros días.

Siguiendo con las provincias, los romanos aprendieron de los errores y las nuevas ciudades crecieron y prosperaron. Puestas en contacto por las calzadas, protegidas por las legiones y por las cada vez más lejas fronteras, el comercio floreció entre ellas y sus habitantes ganaron poder adquisitivo y dejaron de preocuparse por la supervivencia. La cultura y el ocio se convirtieron en comunes. El proceso de romanización siguió su caminar tanto a nivel local como a nivel global, y la Pax Romana se asentó durante dos siglos, el período de paz más largo conocido jamás por las regiones la cuenca mediterránea.

Hemos visto pues que la ciudad romana fue el instrumento mediante el cual una gran cantidad de personas conocieron la civilización y la cultura y con el tiempo se convirtieron en ciudadanos. Esta huella es profunda, tanto que durante toda la historia posterior se ha evocado el nombre de Roma como sinónimo de paz y prosperidad. Que el término "civilización" tenga la misma raiz que "civitas" no es una casualidad.




1. A.E.J. Morris, Historia de la forma urbana, Ed. Gustavo Gili SL, 1ª edición 2007, p. 59.

jueves, mayo 27, 2010

¿Son ciudadanos todos los habitantes de una ciudad?


Pensando en mis definiciones de ciudad y de ciudadano que puse en la entrada anterior, me ha surgido una duda más que razonable. Hablando de las características que definen al ciudadano sugerí que la participación de éste en la vida de la ciudad no tenía por qué ser activa; Creo que esta afirmación es correcta, pero con ella va incluido el supuesto de que el ciudadano cuenta con esa capacidad de participación, y después me he dado cuenta de que he hecho la errónea asunción de que eso se cumple para el cien por cien de los habitantes de la ciudad. Por desgracia no es así.

Hagamos una pequeña escala para definir lo que es la vida ciudadana o urbana: la vida urbana comprende todas aquellas actividades culturales, artísticas, comerciales, sociales, industriales, artesanas y políticas que tienen lugar dentro de la ciudad y que implican intercambio de bienes entre los ciudadanos, incluidos el desempeño de oficios y las actividades de ocio.

Recordando que habíamos definido al ciudadano o ciudadana como alguien cuya vida cívica transcurre entre su vertiente pública y su vertiente privada, se deduce que la vida ciudadana tiene igualmente un componente público que encontramos en sus calles, sus plazas, sus comercios, sus lugares de esparcimiento, etc. Sin embargo hay que hacer notar que siempre han existido, y aún hoy perduran, colectivos enteros que no participan de esa vertiente pública de la vida urbana.

Hagamos trabajar la máquina del tiempo hacia atrás y vayamos (de nuevo) a la Atenas de Pericles. Resulta seductor verla altiva y orgullosa, ejemplo del culmen de la democracia y la vida cívica. Pero tal imagen se va empañando al echar un vistazo más cercano y comprobar que el porcentaje de ciudadanos de pleno derecho no llegaba ni al tercio total de habitantes, dado que ni las mujeres ni los esclavos gozaban de la parte pública de la vida ciudadana, sino que se circunscribían a un ámbito estrictamente privado, de puertas para dentro. No contaban con capacidad de votar ni de expresar legalmente sus opiniones, tenían prohibido o restringido el acceso a ciertos espacios públicos como los gimnasios, y carecían de entidad jurídica.
Otros muchos ejemplos igualmente clarificadores nos muestran que estos dos grandes y sufridos colectivos han sido tradicionalmente apartados de la vida pública a lo largo de la historia, sea por ley humana (República e Imperio Romanos), divina (Islam) o imperativo de costumbre (Europa occidental).

Esta antigua tendencia ha llegado a su fin en la civilización occidental, donde por fin las mujeres cuentan con los mismos derechos y libertades que los hombres, y donde nadie puede ser legalmente dueño de otro. Pero en las ciudades contemporáneas, incluso las occidentales, paradigma de las libertades y conquistas sociales, siguen existiendo colectivos minoritarios marginados, apartados de la vida ciudadana.
Los guetos existentes en ciertas metrópolis representan esto claramente. La población de estos barrios deprimidos suele tener un procentaje muy elevado de inmigrantes, muchos de los cuales no tienen acceso a un trabajo por carecer de documentación legal o medios para conseguirla. Esto hace aumentar el crimen y la economía sumergida, amén de suponer un factor que, unido a la brecha cultural, crea una gruesa barrera entre los habitantes de los guetos y los ciudadanos de a pie. En este sentido se podría decir que los guetos son como pequeñas ciudades en el seno de ciudades más grandes, dado que cuentan con sus reglas, su economía y sus propios medios para intercambiar de bienes. Pero abandonemos aquí este fascinante tema, pues analizarlo adecuadamente ocuparía varios posts enteros.

Estos colectivos marginados han existido en todas las épocas y cada ciudad ha horadado sus propios caminos para integrarlos dentro de su vida cotidiana. Pero, como ya escribía en otra parte, la evolución de las ciudades es pausada y pasa tiempo hasta que los cambios se traducen físicamente en ellas. Resulta complicado intentar un análisis general, aunque sea acotado a las ciudades de un pais o época determinados, dado que los cambios sociales, la emigración, el progreso y el resto de factores históricos imprimen atropelladamente sus huellas en aquellas, y al final solamente se puede especular sobre los factores exactos que motivaron un cambio concreto. A esto hay que añadir que el siglo XX ha supuesto una revolución para las ciudades gracias al sin par aumento de población y al progreso tecnológico, lo que embarulla aún más si cabe los intentos de análisis sistematizado. Hay que retroceder un poco y focalizarnos en una sola ciudad, o retroceder bastante más para buscar un ejemplo más general de integración de colectivos a la vida ciudadana. Optaré por la segunda opción y me decantaré por el mejor ejemplo que se me ocurre: el Imperio Romano.

Pero esto será para la siguiente entrada, dado que el objetivo de la presente era señalar la diferencia entre habitante y ciudadano, y creo que está cumplido.

miércoles, mayo 26, 2010

¿Qué es una ciudad?

En una entrada anterior he hablado de la ciudad, concretamente de unos pocos aspectos de la ciudad contemporánea española. Intentar hablar de la Ciudad como concepto general es como intentar resumir la historia universal en unos pocos párrafos. Pero me lo voy a tomar como un pasatiempo y un reto y voy a intentarlo.

¿Qué es una ciudad?

Bueno, ante todo hay que decir que los conceptos de ciudad y civilización han ido unidos durante toda la historia conocida. La ciudad es la cristalización de la civilización y es en las calles y espacios de la ciudad donde los frutos de la civilización nacen y evolucionan. Hablar de una ciudad bárbara es como hablar de un soldado pacifista o de un helado caliente. Al final una de las dos facetas en pugna sobrevive a la otra.

Sin embargo, y por hacer otra analogía, la civilización y la ciudad son como el huevo y la gallina: no se puede definir con certeza cuál de las dos dio origen a la otra, si fue la civilización la que moldeó los esquemas de pensamiento que permitieron la aparición de la ciudad, o si por el contrario, fue la ciudad la que surgió primero y alumbró a la civilización. Tal discusión es, probablemente, vana. Mi humilde opinión es que ambas son caras de la misma moneda, facetas y resultados distintos de un mismo esquema mental.

Se ha intentado acometer la complicada tarea de definir las ciudades desde muchos ángulos, económico, social, teleológico, filosófico... es complicado. Las divergencias empiezan cuando se quiere echar un vistazo a la historia para encontrar puntos en común entre ellas, y se descubre que, desde el punto de vista del concepto, hay diferencias abismales entre una medina musulmana, una polis griega, una ciudad imperial china, una ciudad-templo sumeria, o un burgo medieval. La realidad física del entorno, la estructura social, la mentalidad, la actividad comercial e industrial/artesana o el tipo de gobierno, todos modeladores del espacio urbano, varían enormemente entre los asentamientos de las diversas civilizaciones. La tarea de encontrar paralelismos entre ellos se presenta ardua.

Vamos a ver qué elementos son los comunes a todas ellas, a ver qué encontramos:

- Casas: Obvio. Una ciudad tiene viviendas para sus habitantes. Pero no es un elemento diferenciador, dado que un pueblo también las tiene.
- Calles: Los espacios entre las casas, las vías, usadas para el tránsito en la ciudad. De nuevo no constituye elemento diferenciador.
- Plazas: Lugares de reunión, de intercambio de información, de comercio, etc. Idem a los anteriores.
- Personas: Los habitantes de la ciudad. Es aquí donde tal vez se podría encontrar el elemento diferenciador.

Dice Aristóteles que "la ciudad es cierto número de ciudadanos". Hay que tener en cuenta que en la época y el lugar en los que vivió el gran filósofo era vital la asociación entre el ciudadano y la implicación en la vida pública de la ciudad, tanto que tal vínculo no ha alcanzado tal fuerza en ninguna otra época o lugar. Pero tal afirmación puede ser un buen punto de partida, dado que, aunque la sumeria Nínive, la egipcia Menfis, la japonesa Kioto, la antigua Bizancio o la romana Londinium son muy distintas a una polis griega, no es posible concebir la ciudad sin el ciudadano. Intentemos pues definir al ciudadano.

Un ciudadano es aquel que, teniendo identidad privada (individual) e identidad pública (colectiva), da cierto peso a esta última, y que, usando ambas como resortes de crecimiento personal y comunal, alumbra una conciencia cívica.

Desmenucemos. Un ciudadano tiene en un principio su identidad como individuo, que afecta a su ámbito privado. También cuenta con una identidad colectiva, un sentimiento de pertenencia a una comunidad, cuyo ámbito es lo público. La naturaleza de este sentimiento hace que el mismo constituya una contribución al colectivo de por sí, aunque el ciudadano no participe activamente en los asuntos comunitarios: aquel que se siente ciudadano ya participa de ello. Esto hace que esa identidad comunitaria gane importancia y se desarrolle según los cánones de la vida pública en la sociedad del ciudadano. Gracias a ese desarrollo, la identidad individual o privada también evoluciona y se hace más compleja, lo que termina retroalimentando a la identidad comunitaria. De la evolución de ambas identidades, fruto de la retroalimentación entre ellas, surge la conciencia cívica, patrimonio e identidad últimas del ciudadano. Demos ahora un salto y veamos cómo afecta esta división desde el punto de vista de la ciudad.

La vida en la ciudad, como la del ciudadano, también tiene dos vertientes de igual importancia: la pública y la privada.

Dentro de todas y cada una de las civilizaciones se ha dado una mezcla particular de ambas vertientes, una de puertas para dentro y otra de puertas para fuera. En la Atenas de Pericles casi toda la vida del ciudadano transcurría en su vertiente pública y ello modeló la ciudad en consecuencia. La plaza del ágora (centro neurálgico de las polis griegas), los gimnasios y teatros (zonas públicas, de relación y recreo), y la Acrópolis (centro religioso) centraban casi todo el arte y el virtuosismo arquitectónico y urbanístico, mientras que las viviendas privadas no contaban ni siquiera con los más básicos servicios sanitarios ni casi intimidad. Por el contrario, el modelo urbano del Damasco del siglo XIV (como casi todas las medinas musulmanas) sugiere que es el ámbito privado el que predominaba. Las enrevesadas y estrechas calles zigzagueban entre paredes con altas ventanas enrejadas (o directamente sin ventanas), acabando en callejones sin salida o bifurcándose sin fin. Las viviendas solían contar (en la medida de las posibilidades de los propietarios) de comodidades e incentivos para la vida privada. Lás únicas concesiones al espacio público las constituían las mezquitas (lugar de oración para los creyentes) y los bazares (artesanía y comercio).

Visto está pues que distintas culturas dan distintas ciudades y, por tanto, distintos ciudadanos. Pero, por muy distintos que sean los ciudadanos de diversas culturas y épocas, todos tienen en común una conciencia cívica acorde a su sociedad. De la suma de todas las conciencias cívicas nace lo que Fernando Chueca Goitia ha denominado el alma de la ciudad. Es en ese momento cuando un nucleo rural se convierte en uno urbano, cuando una aldea grande deja de serlo y se convierte en una ciudad.

Finalicemos pues con mi definición: Una ciudad es pues la cristalización de un alma cívica, un asentamiento humano cuyos habitantes alumbran una conciencia cívica y que utilizan sus conocimientos para transformar sus espacios de manera que sean acordes a sus expectativas e inquietudes tanto en el ámbito público como en el privado.

martes, mayo 25, 2010

Apego mal entendido y bien entendido

Voy a dejar en la recámara la entrada que tengo a medio escribir sobre las ciudades para intentar hacer un ejercicio acerca del apego.

Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado que siento un apego casi enfermizo en algunas parcelas mientras que soy muy desapegado en otras. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.

Pero espera un momento... El apego, como cualquier otro concepto, necesita de una definición. Echemos mano de la RAE.

Apego. (De apegar). 1. m. Afición o inclinación hacia alguien o algo.

A primera vista no parece un concepto peligroso.
Y no lo es de por sí.

¿Cómo entendemos esto las personas? Mi respuesta es que tenemos una manera equivocada de afrontarlo gracias a un elemento común en nuestras relaciones: la posesión. El mío y el nuestro.

¿Y cuándo entra en juego la posesividad? No creo estar descubriendo América con esto, pero igualmente lo diré: las personas no somos posesivas con aquello que queramos o deseemos mucho sino con aquello que tememos perder. Puede parecer lo mismo pero no lo es. Lo repito: no se es posesivo con aquello que va a continuar ahí, sino con aquello que se considera que puede estar en peligro de desaparecer.

Es una manera algo retorcida de entender las relaciones, con los demás y con uno mismo, pero todos lo hacemos en mayor o menor medida. Reclamamos algo (o a alguien) como nuestro y ahí empiezan los problemas. En el caso de los objetos no se presentan demasiados porque los sufridos objetos no pueden responder, pero en el caso de las relaciones interpersonales sí se dan problemas de todo tipo.

Teniendo en cuenta esto tengo que reformular el segundo párrafo de esta entrada.

Me pongo como ejemplo: soy una persona desequilibrada también en este sentido, dado soy muy posesivo y celoso en algunas parcelas, mientras que en otras lo soy muy poco o nada. Ejemplo de lo primero es la gran aversión que siento a tirar nada que me haya sido util, me haya hecho sentir bien, o simplemente me haya acompañado en el pasado. Con respecto a lo segundo, bueno, creo que todos los que leen este blog saben y conocen que llamo poco o nada a mi familia o a mis amigos.

Sí, me gusta mucho más ahora; es más acorde con la realidad.
Así pues no es lo mismo una persona apegada que una persona posesiva. Sigamos.

Considero el apego como algo natural e inherente al ser humano. Es natural sentir inclinación hacia algunas cosas, especialmente si son obras hechas por nosotros. El apego es, en este sentido, el natural cariño o atracción que se siente ante algo o ante alguien, y que se puede canalizar de infinitas formas. En en ese proceso de canalización donde entran en juego la posesividad y muchos otros factores, y el que al final modela la relación.

Así pues, y como siempre, nuestras relaciones son responsabilidad nuestra de una manera muy íntima. Tenemos la capacidad iniciarlas, de acabarlas, de modelarlas como queramos, de profundizar en ellas o de dejarlas agostarse, de hacerlas crecer o de estrangularlas.

Ah, si tuviéramos la misma facilidad para practicar que para teorizar...

miércoles, mayo 19, 2010

La ciudad y los coches

Hay bastantes tratados interesantes sobre urbanismo, pero casi todos los que han caido en mis manos tienen una cosa en común: más de 25 años de antigüedad.

Ignoro las razones de esto y no me voy a detener sobre ello ahora, pero hay un punto La madrileña calle de alcalá a principios de siglointeresante que merece la pena resaltar: en algunos de esos tratados se nos da la singular oportunidad de ver la ciudad desde un prisma contemporáneo y sin embargo, o bien carente del factor de los coches, o bien enfocado éste desde una perspectiva donde su importancia era mucho menor a la actual.

Casi todos hemos nacido en un mundo con coches. El automóvil siempre ha estado más o menos presente en nuestra vida y por lo tanto forma parte del paisaje urbano cotidiano. Esto nos hace olvidar algo importante para entender las ciudades hoy en día, especialmente las ciudades españolas, centenarias en el caso de las jóvenes y milenarias en el caso de las más veteranas: viendo el asunto en perspectiva se percibe a las claras que el uso del coche ha sido un factor que, aunque revolucionario, es muy reciente si se compara con la totalidad de la vida de la ciudad española.

Esto nos plantea un jugoso problema, y es el cómo se ha adaptado cada ciudad a esos extraños artefactos autopropulsados. La respuesta, teniendo en cuenta que cada ciudad es distinta al resto, resulta curiosamente unitaria: Mal.

Una vez miradas con esta información en la mente, nos damos cuenta de que resulta complicado (sino imposible) encontrar alguna ciudad que no tenga problemas inherentes a la convivencia del ciudadano con el automóvil. El tráfico, el aparcamiento, la contaminación, el ruido, el estrés... todos ellos son elementos que, siendo tradicionalmente inherentes a la vida urbana en occidente, se han agudizado gracias a la invasión de nuestros compañeros motorizados.

Ahora bien, hay que dejar constancia de que el coche, como cualquier otro objeto, no tiene culpa alguna por sí mismo. Es el uso que se hace del coche el que plantea problemas.

Las ciudades entendidas, como un ente, cambian más despacio que sus habitantes. Las transformaciones en la mentalidad y en la sociedad del ciudadano tardan cierto tiempo en aparecer reflejadas en la realidad física de la ciudad. Incluso en este siglo XXI, donde todo aparenta ir cada vez más y más deprisa, la ciudad impone su ritmo pausado (más en unos casos que en otros) a la hora de transformarse a sí misma.

Pero, por primera vez en la historia, la aparición del coche como artilugio de común uso, forzó a las ciudades a acometer cambios drásticos en un período de tiempo demasiado corto. Las La popularidad del coche como medio de transporte creció como la espumaavenidas y las calles, antes patrimonio del viandante, del coche de caballos o del excepcional tranvía, se vieron obligadas a acoger tanto el tránsito diario como el aparcamiento. Se dió la paradoja de que las ciudades españolas del siglo XX, que ya habían acometido ambiciosos planes urbanísticos de ensanche y adaptación, se quedaron pequeñas sin tardanza. Los cascos urbanos ya construidos se vieron, en general, atestados y sin capacidad para absorber la creciente cantidad de coches, y sin opciones de ampliarse salvo derribando manzanas enteras de casas y rehaciendo el trazado.

Así pues, desde su popularización y durante decenios, el automóvil estuvo en el centro de cualquier planificación urbanística, y los nuevo barrios se construyeron teniendo en cuenta el uso que los vecinos harían del coche. También se invirtió en redes de transporte público viarias (autobús, taxi) y subterráneas (metropolitano y trenes de cercanías), ideadas para intentar descongestionar carreteras y calles. Pero el problema seguía (y sigue) sin solucionarse en los cascos urbanos anteriores a mediados del siglo XX, aquellos que vieron crecer a los populares Seat 600 como setas en Noviembre.

Frente a estos problemas, los ayuntamientos parecen haber dado un golpe de timón en cuanto alEl leonés y peatonal barrio de El Húmedo uso del coche en los cascos antiguos. Cada vez son más las ciudades que restringen o cortan el tráfico rodado en sus partes más antiguas y tradicionales para intentar devolver a las viejas calles el carácter público que tenían antes de la aparición del coche. Madrid, Barcelona, León, Bilbao o Vitoria son algunos ejemplos de esta tendencia.

Otro importante factor de mejora, más antiguo que lo anterior y vigente hoy en día, es la migración de los grandes centros industriales o comerciales al extrarradio, lo que ha ayudado a frenar la escalada de tráfico en los accesos a las ciudades y dentro de ellas.

Sin embargo, y a pesa de esta aparente mejora de la situación, llega el momento de hacer una reflexión. El coche supuso una revolución en el mundo en general y en las ciudades en particular, pero su utilidad como herramienta no debería cergarnos a los factores negativos que asocia a la vida diaria. La imagen del coche suele evocar comodidad y autonomía, pero hay ocasiones en las que deberíamos pararnos a pensar si realmente nos supone eso o bien si lo que nos da es incomodidad, estrés y gasto superfluo. El coche es necesario en el quehacer diario para muchas personas, pero no para todas. Es responsabilidad de los ayuntamientos plantear alternativas viables al uso del transporte privado, pero es responsabilidad nuestra como ciudadanos el utilizar ese transporte privado de manera responsable, razonada y razonable.
Tal vez, y sólo tal vez, si el ciudadano es capaz de hacer este ejercicio de responsabilidad, la ciudad, agradecida, será capaz de adaptarse y de colocar al automóvil en el armónico lugar que le corresponde.